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Hay
un viejo dicho madrileño que reza: "De Madrid al cielo y un
agujerito para verlo". Es un magnífico refrán que expresa el
orgullo popular de los habitantes de una ciudad que hoy es
una de las capitales más importantes, cosmopolitas y
dinámicas de la Unión Europea. Situada en el centro de la
península Ibérica, se halla ubicada sobre una meseta a unos
655 m sobre el nivel del mar, lo que la hace la capital más
alta del continente.
Cuenta la tradición que el valle del río Manzanares era un lugar
cubierto de espesos bosques con abundante caza y escasamente habitado
por un poblado de origen ibérico sobre un cerro, posteriormente llamado
de San Isidro, entre los ríos Jarama y Manzanares. Romanos y visigodos
dejaron escasa huella hasta que, a mediados del siglo IX, los musulmanes
decidieron levantar aquí un alcázar.
Muhammad I, hijo del emir omeya Abd-al Rahman II, ordenó que se
construyera en las riberas del Manzanares una fortaleza para controlar
el acceso norte al valle del Tajo. El alcázar fue llamado Magerit, que
en árabe significa "aguas que fluyen", en virtud de los numerosos
riachuelos que atravesaban el valle.
Después de no pocos intentos y sangrientas tentativas, en 1083 Alfonso
VI conquistó Madrid, que pasó a ser una villa repoblada. Su estratégica
situación en tierras fronterizas con los territorios árabes indujo a los
reyes castellanos a reforzar sus defensas. Pese a todo, los musulmanes
atacaron repetidas veces el castillo y muy cerca de él establecieron un
campamento, hoy día un hermoso parque, que pasó a llamarse «Campo del
Moro».
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